Tonia Salinas Miralles es directora-gerente del Parque Científico Universidad Miguel Hernández de Elche.
Poco se habla cuando hacemos referencia a las actividades y logros de los parques científico y tecnológicos de sus equipos, de los profesionales que dedican la mayor parte de su vida a hacer que mejore nuestra sociedad mediante la creación de productos y servicios nuevos por parte de nuestras empresas e instituciones.
Los parques científico y tecnológicos no son solo grandes infraestructuras o espacios de última generación. Los parques, como todas las empresas o instituciones, son las personas que trabajan en ellos, las que luchan para que, en los distintos ministerios, consejerías, universidades, empresas, instituciones etc. tengan en cuenta que sin la innovación es difícil que nuestra sociedad avance. Y que para innovar todos tenemos que aportar nuestro granito de arena y hemos de ser generosos y compartir, algo que en este país no es nuestro punto fuerte. En este sentido, puedo aseverar por experiencia que esto es un tema de “pasión, pico, pala y paciencia”.
Los profesionales que trabajamos en los parques científico y tecnológicos somos fervientes creyentes de que el cambio en el modelo productivo actual hacia modelos más rentables, sostenibles y respetuosos es posible. Y cuando utilizo el término “fervientes creyentes” lo hago con todas las de la ley: efectivamente tenemos “fe”, creemos en ello, aunque en ocasiones no lo veamos o no sepamos cómo exactamente se da ese cambio.
Eso sí, cuando se produce el milagro de que con la aportación del conocimiento de una universidad o de un centro de investigación y de una empresa se saca al mercado un producto y/o servicio que viene a resolver un problema de producción, a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos o a brindarnos nuevas oportunidades a nuestros jóvenes, entonces entendemos cuál es la razón de ser de nuestro trabajo. También por qué es tan importante poner en contacto a unas empresas con otras, hablar con un grupo de investigación y trasladarle la problemática de una compañía y generar firmas de base tecnológica universitarias, y hacerlas crecer y luchar para que en nuestro territorio tengamos infraestructuras de investigación de alto nivel.
En nuestro país contamos con excelentes profesionales y creamos excelentes profesionales en nuestras universidades. No voy a entrar a valorar cuántas de ellas están en los rankings internacionales ni en qué posición se encuentran. Para poder estar en esos listados hay que poder competir y eso en investigación, como en muchos otros sectores, se traduce en dinero y dinero para ser capaces de retener el talento. Y a este tipo de talento muchas veces no solo se le retiene por nivel salarial, sino que también cuenta la calidad del equipo que puedan contratar, así como las infraestructuras científico-tecnológicas con las que contemos. Valoraré nuestro capital humano por la demanda del mismo que hay en otros países: somos un país exportador de magníficos ingenieros, enfermeros, médicos, financieros, etc. Tan mal no lo hacemos cuando en Inglaterra, Alemania o Francia están locos por recibir a nuestros jóvenes.
En este punto, los parques científicos y tecnológicos tenemos un papel importante que jugar: provocar ese intercambio de conocimiento entre todas las partes del ecosistema (empresas, universidades, centros de investigación, instituciones…) y generar nuevas oportunidades para esos jóvenes. Y qué mayor satisfacción para el personal de nuestros parques que ver cómo las empresas crecen en nuestro ecosistema y pasan de ser tres o cuatro personas a ser trescientas y ser líderes o colíderes en su sector. O que se te acerque un padre o una madre por la calle y te comente que su hija o hijo ha podido quedarse a trabajar en una de las empresas de tu parque científico-tecnológico y no ha tenido que emigrar.
La cuestión es que los parques científicos y tecnológicos no nos escapamos del problema de la retención del talento. Para que todo esto se dé, el personal que trabaja en los parques debe ser de distintas ramas (economistas, biólogos, marketing, derecho, informática…) y, además, tener unas aptitudes excelentes en cuanto a trabajo en equipo, empatía, comunicación, resolución de problemas, proactividad, etc. Muchas veces este personal se encuentra sometido a los vaivenes de las ayudas estatales o autonómicas que recibimos, que a su vez están sometidas a los vaivenes de la política y no llegan en el tiempo y forma adecuados. ¿Cómo podemos retener a este talento adecuado para nuestra actividad y ya formado? ¿Con fe?
Así que, compañeros de los parques, sentíos orgullosos del trabajo que estáis realizando y haced que las ciudades y la sociedad que os rodea se sientan orgullosos también de vuestra labor. Estamos poniendo nuestra semilla para hacer de este país uno más rico y desarrollado, un país para nuestros hijos e hijas, para nuestros jóvenes, un país competitivo. En definitiva, un país con futuro.